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Musofobia: Miedo a las ratas y ratones.

También se lo conoce como muridofobia, murofobia o surifobia.

Musofobia: El miedo a las ratas no es solo femenino 

Un miedo fóbico y exagerado a las ratas y ratones ha sido un denominador común de libros, dibujos animados, programas de televisión y películas en las cuales se retrataba a las mujeres histéricas gritando y saltando a lo alto de las sillas o las mesas al ver un ratón.

Pues esta situación ha sido injusta ya que la Musofobia, es decir, el miedo exacerbado a las ratas, no distingue género. Esta enfermedad se define como un persistente, anormal y injustificado temor a las ratas. Este efecto repulsivo también se conoce como muridofobia, murofobia o surifobia.

 Quienes padecen esta condición experimentan terror y repulsión ante animales como las ratas y los ratones, aunque en algunos el miedo se extiende a todos los roedores en general (topos, hamsters, conejillos de indias, etc). O sea, se trata de una clase específica de zoofobia (miedo a los animales).

Esta fobia es un miedo irracional y desproporcionado, y suele ser diferente a la preocupación racional acerca de que las ratas y ratones contaminen provisiones de comida, que ha sido universal para todos los tiempos, lugares y culturas.

Más allá de los retratos estereotipados de género previos al siglo XXI, la musofobia en occidente ha sido siempre experimentada por ambos sexos. En muchos casos, el miedo a los ratones es una respuesta condicionada socialmente inducida, combinada con (y originada en) una respuesta sobresaltada (es decir, la respuesta a un estímulo inesperado), común en muchos animales, incluidos los seres humanos, más que un trastorno real.


Cómo hay que tratarlas


Para luchar contra el miedo a los animales primero se debe aprender la técnica básica de inducir un estado de calma para pensar que uno está protegido. Luego, se recomienda una exposición gradual al animal que produce la fobia. 

Al comienzo se puede empezar viendo fotos del mismo, después observarlo a una cómoda distancia (a través de un cristal) y después intentar tenerlo entre los brazos acariciándole (en el caso de ser doméstico). De este modo, los canales de activación del miedo se van atrofiando porque son neutralizados por la sensación de paz que uno mismo puede provocar.

Hasta ahora ningún fármaco ha demostrado un gran efecto en el tratamiento de estos temores, aunque los medicamentos ansiolíticos (que reducen la ansiedad) son eficientes frente a las fobias situacionales, en momentos muy concretos y de gran tensión. Pero a largo plazo no son buenos porque se produce un acostumbramiento.
Varias teorías respecto a las causas


Según la comunidad científica, existen diversas hipótesis que pueden explicar la aparición de las fobias. Una de ellas es la teoría conductista determinada por un condicionamiento que provoca un estado de ansiedad.

 La teoría de tipo psicoanalítico se basa en un miedo inconsciente a algo —que puede originarse desde la infancia— y que a través de un mecanismo de defensa de la mente lo desplaza hacia otros objetos o situaciones (por ejemplo, el temor a las relaciones sexuales se traslada al miedo a las serpientes o a otras cosas alargadas). Y la última suposición es más inespecífica porque defiende que los trastornos de ansiedad se deben a una alteración o excesiva actividad en cierta zona del cerebro, encargada de la reacción automática del miedo. 

La mayor parte se desarrolla durante la niñez y muchas desaparecen con el tiempo. Si estos miedos persisten en la edad adulta no suelen desaparecer sin tratamiento.

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